Un año con semaglutida cambia la pregunta. Al principio todo gira alrededor de "¿esto funciona?", y la báscula responde sola. Pasados doce meses, cuando el número lleva un tiempo quieto, la duda es otra y bastante más fría: ¿esto se sostiene?
Conviene separar dos preguntas que se mezclan todo el rato. Una es qué pasa si dejas el tratamiento. Esa es otra historia, con sus propios datos, y aquí no se cuela. La otra —la de este artículo— es justo la contraria: si sigues pinchándote, ¿el peso se queda donde está el segundo año, o esto se va desinflando poco a poco?
El primer año ya está contado en otro artículo. Aquí interesa lo que viene después. Y sí, existen datos de dos años con el fármaco puesto, sin soltarlo ni un mes: el ensayo se llama STEP 5, y merece que nos sentemos a mirarlo con calma, sin vender humo y sin asustar a nadie. Una advertencia previa: todo lo que sigue son cifras de un ensayo publicado, no la báscula de nadie en concreto. Un cuerpo suelto no es un estudio.
El fármaco del que hablamos es la semaglutida a 2,4 mg semanales, la dosis que se vende como Wegovy para el control del peso. Misma molécula que Ozempic, dosis más alta, apuntando a la obesidad y no a la diabetes tipo 2.
Un año después, la pregunta que se queda
El error más fácil al cerrar el primer año es darlo por terminado. Estás cerca del objetivo, la ropa acompaña, y la cabeza empieza a tratar el tratamiento como una obra ya entregada.
Pero la parte interesante empieza justo ahí. No "¿cuánto más voy a bajar?", sino "esto que ya he bajado, ¿se queda?". Y una tercera pregunta, la que casi nadie formula en voz alta: ¿cuánta gente lo consigue de verdad, más allá de dos casos bien elegidos en una publicación?
Una duda de ese tamaño no se responde con la experiencia de un conocido ni con un vídeo de treinta segundos. Hacen falta números de personas reales, seguidas durante dos años y medidas con el mismo criterio del principio al final. Eso es exactamente lo que hay en STEP 5.
Qué miró STEP 5 en realidad: 104 semanas sin bajar la guardia
STEP 5 siguió a un grupo de personas durante 104 semanas. Son unos dos años, sí, pero quédate con el número exacto: 104 semanas. Lo de "dos años" es solo la forma cómoda de decirlo, y el ensayo midió por semanas.
Lo que más pesa aquí es cómo se tomó el fármaco. Las primeras 16 semanas sirvieron para subir la dosis poco a poco, hasta la de mantenimiento: semaglutida 2,4 mg —el principio activo de Wegovy— una vez por semana. A partir de ahí, cada participante siguió con esa misma dosis 88 semanas más, hasta completar las 104. Dieciséis más 88 dan justo esa cifra. Nadie la abandonó a mitad de camino para ver qué pasaba. El diseño va exactamente de eso: seguir con el tratamiento y mirar.
Ese grupo se comparó con otro que recibió placebo. Y hay un detalle que se escapa fácil: los dos grupos, el del fármaco y el del placebo, cambiaron a la vez sus hábitos de comida y de actividad. Así que lo que se mide no es "la pluma contra nada", sino el fármaco sumado a esos hábitos frente a los hábitos por sí solos. No es un matiz menor. Quien lea estas cifras como el efecto del fármaco en el vacío se estará contando una película distinta de la que se rodó.
¿Y qué se propuso medir STEP 5 como objetivo principal? Dos cosas, las dos a la semana 104: cuánto cambiaba el peso en porcentaje, y cuánta gente llegaba a perder al menos un 5 % de su peso. Guárdate ese 5 %, porque vuelve más abajo. Que ambos objetivos estuvieran fijados de antemano importa más de lo que parece: evita el truco de mirar primero los resultados y elegir después la vara de medir que mejor queda.
El promedio a los dos años
Vamos a las cifras, que es a lo que veníamos.
A la semana 104, el grupo que siguió con semaglutida 2,4 mg había perdido de media un 15,2 % de su peso. El grupo placebo, un 2,6 %.
Aquí conviene frenar un segundo, porque estas cifras se enredan enseguida. Ese −15,2 % y ese −2,6 % son el cambio total de cada grupo respecto a su punto de partida. Cada uno va por su lado; no se suman entre sí.
¿Y la distancia entre ambos? El estudio la calcula en 12,6 puntos porcentuales, y es lo que atribuye al fármaco por encima del placebo. Fíjate en las unidades: son puntos porcentuales, la resta de los dos números de arriba. No es un tercer porcentaje de peso que se apile encima. Si en algún momento te sorprendes sumando las tres cifras, para: has mezclado el total de un grupo con la distancia entre dos grupos.
| Cifra | Qué es | En qué eje va |
|---|---|---|
| −15,2 % | Cambio medio del grupo de semaglutida | Peso perdido (total del grupo) |
| −2,6 % | Cambio medio del grupo placebo | Peso perdido (total del grupo) |
| 12,6 pp | Diferencia entre los dos grupos | Puntos porcentuales (una resta) |
−15,2 % y −2,6 % son los totales de cada grupo. 12,6 es la distancia entre ellos, medida en puntos porcentuales. Tres cifras, dos ejes distintos. No las sumes.
El placebo, por cierto, tampoco volvió del todo a su punto de partida. Ese −2,6 % de media dice que algo se sostuvo por su cuenta, seguramente por el acompañamiento de hábitos que ese grupo también recibía. Pero la parte gruesa de la historia es la distancia con quien mantuvo el fármaco. Estos números salen del análisis de STEP 5 publicado en Nature Medicine en 2022. No es el folleto de un laboratorio: es un ensayo con su grupo placebo y sus dos años de tratamiento medidos.
¿Cuánta gente conservó la pérdida?
El promedio cuenta una parte. La otra es cuánta gente, en concreto, llegó a los dos años conservando una pérdida grande. Y aquí cambiamos de eje: ya no hablamos de "cuánto peso se perdió", sino de "qué proporción de participantes se quedó por encima de cierto umbral".
Esto es lo que se vio a la semana 104:
| Umbral de pérdida mantenido | Semaglutida 2,4 mg | Placebo |
|---|---|---|
| ≥5 % | 77,1 % | — |
| ≥10 % | 61,8 % | 13,3 % |
| ≥15 % | 52,1 % | 7,0 % |
| ≥20 % | 36,1 % | — |
Un 61,8 % del grupo de semaglutida seguía a los dos años con al menos un 10 % menos de peso, frente al 13,3 % del placebo. Y un 52,1 % conservaba al menos un 15 %, frente a un 7,0 % con placebo. La distancia entre un grupo y otro cuesta pasarla por alto.
Ahora, el punto que más se malinterpreta: estos escalones se meten unos dentro de otros. Quien mantuvo un 15 % también está contado en el 10 %, y quien mantuvo un 20 % está dentro de todos los de arriba. Por eso, otra vez, no se suman. Si juntaras 77,1 más 61,8 más 52,1 más 36,1 te saldría un número muy por encima de 100, y un grupo de personas no puede pasar del 100 %.
Estos porcentajes son de personas, no de peso. Y como cada escalón incluye al de abajo, sumarlos no significa nada.
Dicho rápido: buena parte de quienes conservaron un 10 % o más también conservaron un 15 % o más. Son casi los mismos, mirados con distinta lupa. Y esa escalera —del 77,1 % en el escalón bajo al 36,1 % en el alto— dice algo que el promedio se calla: los resultados no se apilan en un punto, se reparten.
Por qué la media no es tu media
Y aquí toca tener la cabeza fría. Un 15,2 % de media es un dato del grupo. No es una promesa para ti.
La tabla de antes es la mejor prueba. Si todo el mundo aterrizara en la media no haría falta ninguna escalera: bastaría un número repetido. Mismo fármaco, misma dosis, las mismas 104 semanas… y los resultados individuales van desde quien conservó más de un 20 % hasta quien se quedó por debajo del 5 %. Esa dispersión no es un fallo del estudio: es cómo responden los cuerpos de verdad. La genética, el punto de partida, cómo encaja cada uno los hábitos —todo cuenta.
Así que la media sirve para intuir qué cabe esperar de mucha gente a la vez, no para clavar tu número. Si empiezas —o sigues— dando por hecho un 15 % exacto, te estás fiando de una cifra que retrata a un grupo entero, no a una persona concreta.
Y no, nada de esto significa que el fármaco no funcione. Que más de la mitad del grupo siguiera dos años después con una pérdida de dos dígitos es un resultado sólido, y la distancia con el placebo es grande. Significa que funciona dentro de un rango, y que tu sitio en ese rango no se sabe de antemano. Eso no es letra pequeña incómoda; es ser honesto con lo que un ensayo puede decirte y con lo que no. Saberlo de entrada ahorra disgustos: el mes que la báscula no acompaña, lo más probable no es que hayas hecho algo mal, sino que tu curva va por otra zona del rango.
La letra pequeña: esto vale mientras sigas pinchándote
Volvemos al principio, porque es la clave de todo el artículo. Todo lo que muestran estos dos años lleva una condición pegada: se siguió con el tratamiento. La dosis de mantenimiento de 2,4 mg, semana tras semana, esas 88 semanas hasta la 104.
No son datos de "lo dejé y a ver qué pasaba". Son datos de "seguí con ello". Si lo que buscas es qué ocurre al parar, esa es otra conversación —y seguir, bajar la dosis o dejarlo es una decisión propia, con sus propios números, que aquí no se tocan.
Esto encaja con cómo se entiende hoy la obesidad: una condición crónica que se gestiona, no algo que se resuelve una vez y ya está. La tensión alta o el colesterol funcionan parecido; el tratamiento ayuda mientras está puesto. Con los GLP-1, la evidencia de dos años describe exactamente eso: se mantiene el peso mientras se mantiene el fármaco. Leerlo como "el fármaco me arregló y ya está" es justo el malentendido que acaba en una sorpresa desagradable.
Dos años de datos no dicen "adelgazas y listo". Dicen "se sostiene mientras sigas". Toda la cifra bonita cuelga de ese "mientras".
Y sí, seguir tiene un coste práctico que no sale en las gráficas. En España, sin ir más lejos, Wegovy no entra por la Seguridad Social: se paga de bolsillo, en torno a 300 € al mes. Sostener esa cifra dos años no es un detalle menor, y conviene ponerlo en el plan desde el principio en vez de descubrirlo en el mes dieciocho. Merece hablarse con tu médico como parte del tratamiento, no como una nota al pie.
Dónde está la línea de seguridad
Antes de cerrar, la parte que ningún dato de peso debería tapar: para quién no es este fármaco, y qué conviene vigilar. Va en tres niveles, de más a menos tajante. Meterlos todos en el mismo saco es la forma más rápida de acabar aterrado o indiferente, y ninguna de las dos ayuda.
El primero es una contraindicación absoluta. Si tienes antecedentes personales o familiares de carcinoma medular de tiroides —ese tipo concreto de cáncer— o el síndrome de neoplasia endocrina múltiple tipo 2 (MEN2), la semaglutida queda descartada. En la ficha estadounidense esto aparece como una advertencia en recuadro, el aviso más serio que usa la FDA, y también como contraindicación. No es un "valora pros y contras": es una puerta cerrada. Y un apunte que importa: esa es la etiqueta de Estados Unidos. Cada país redacta sus aprobaciones a su manera —la AEMPS en España, y sus equivalentes en México, Argentina o Colombia—, así que lo que aplica a tu caso depende de dónde estés.
El segundo nivel es una advertencia, no una barrera de entrada: la pancreatitis aguda. La ficha no prohíbe empezar por ella, pero sí indica que, ante una sospecha de pancreatitis, se suspende el fármaco y se maneja el cuadro. Es de esas cosas que se hablan con el médico antes, para saber reconocerlas a tiempo. La diferencia con el nivel anterior no es de matiz: una contraindicación cierra la puerta, una advertencia enciende una alarma.
El tercer nivel es el de los efectos que más gente nota, y que rara vez son graves: los digestivos. Náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento. Suelen ser el peaje de las primeras semanas y de cada subida de dosis. Que sean frecuentes no quiere decir que no molesten, ni que le sienten igual a todo el mundo. Y desde luego no significa que el fármaco vaya libre de efectos adversos; ningún medicamento serio los tiene a cero.
Los dos años, resumidos en una frase: quien siguió con el tratamiento llegó a la semana 104 conservando buena parte de lo perdido —de media un 15,2 %, y más de la mitad del grupo con al menos un 10 % menos—, pero ese promedio es el centro de un rango ancho, no un número reservado a tu nombre. Todo lo anterior sale de ensayos y artículos científicos publicados. Cuánto tiempo seguir, a qué dosis y hasta cuándo no lo fija un ensayo: se decide en consulta, con el médico que conoce tu historia, tus otros tratamientos y tu situación.
Fuentes
Las afirmaciones de este artículo se verificaron con las fuentes primarias siguientes.
- PubMed Central (NIH)pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9556320
- ClinicalTrials.govclinicaltrials.gov/study/NCT03693430



